El post anterior describió los mercados europeos por separado. Este los compara directamente con EE. UU. — no para declarar un ganador, sino para entender cuándo cada uno rinde mejor, por qué, y qué implica tener ambos en un portafolio de largo plazo.
El historial: más parecido de lo que parece
Existe una narrativa instalada de que el mercado americano siempre gana. Es comprensible: la última década y media fue de dominancia clara de EE. UU. Pero el historial más largo cuenta una historia más matizada.
Desde el lanzamiento de varios índices internacionales en 1970 hasta 2007, el S&P 500 retornó aproximadamente 11% anual. El MSCI Europe retornó aproximadamente 12% anual en el mismo período. Durante casi cuatro décadas, los mercados europeos rindieron igual o mejor que el americano.
La divergencia empezó después de la crisis financiera de 2008. Entre 2009 y 2019, el S&P 500 retornó 14,7% anualizado frente al 8,3% del MSCI Europe. La razón principal fue estructural: la política de tasas de interés cercanas a cero benefició desproporcionadamente a las empresas de crecimiento de largo plazo — el perfil dominante del S&P 500 — frente a las empresas de valor y financieras que dominan los índices europeos.
La misma lógica se invirtió parcialmente en 2025. Con tasas más altas y un dólar debilitado, el MSCI Europe acumuló un 24% de retorno en los primeros meses del año frente al 6,2% del S&P 500. Los sectores industriales y financieros europeos — que se benefician de ciclos de inversión pública y tasas más altas — lideraron esa recuperación.
¿Por qué divergen?
La diferencia entre ambos mercados no es aleatoria. Tiene causas estructurales:
Composición sectorial opuesta. El S&P 500 tiene aproximadamente 31,6% en tecnología. El MSCI Europe tiene alrededor del 7,3%. Europa está dominada por finanzas, industria, consumo básico, y salud — sectores con perfiles de crecimiento más moderados pero con dividendos más altos y mayor sensibilidad al ciclo económico industrial. En períodos de boom tecnológico, EE. UU. gana. En períodos de expansión industrial o rotación hacia valor, Europa tiene ventaja.
Ciclos económicos no sincronizados. La economía europea y la estadounidense no crecen ni contraen al mismo tiempo ni a la misma velocidad. Las decisiones de política monetaria del Banco Central Europeo y la Reserva Federal son independientes. Los choques exógenos — energía, geopolítica, comercio — afectan a ambas regiones de forma distinta. Esa falta de sincronía es precisamente lo que genera beneficios de diversificación.
Valoraciones históricamente distintas. Al cierre de 2024, el ratio precio/beneficio (P/E) del mercado estadounidense era aproximadamente el doble del europeo. Los activos con valoraciones más bajas tienden a generar mejores retornos en horizontes largos, aunque el momento de esa reversión es impredecible.
El "home bias" y su costo
Los inversores tienden a sobre-ponderar el mercado de su propio país o región. En el caso americano, el fenómeno es especialmente visible: los inversores de EE. UU. típicamente mantienen entre 70% y 80% de su cartera de renta variable en acciones estadounidenses, aunque EE. UU. represente solo el 60% del mercado global.
Para el compañero costarricense, la situación es distinta: ningún mercado es "el propio". Eso es una ventaja — no hay un sesgo geográfico de origen que distorsione la asignación. La pregunta puede plantearse de forma más neutral: ¿qué combinación de mercados reduce el riesgo sin sacrificar retorno esperado?
La respuesta que la evidencia histórica sugiere — sin garantizar nada sobre el futuro — es que una combinación de ambos mercados tiende a producir una trayectoria más estable que apostar exclusivamente a uno.
La correlación imperfecta como herramienta
La razón técnica por la que la diversificación geográfica reduce el riesgo es la correlación imperfecta. Cuando dos activos no se mueven exactamente igual, una cartera que los combina tiene menos volatilidad que cualquiera de los dos por separado.
EE. UU. y Europa no están perfectamente correlacionados. En períodos de mercado alcista, tienden a moverse juntos. En períodos de estrés específico de una región — una crisis de deuda europea, un ciclo electoral americano, un choque energético que afecta más a Europa — divergen. Esa divergencia, que puede sentirse frustrante en el corto plazo, es exactamente lo que reduce la volatilidad en el largo.
La década 1999–2009 es el ejemplo más reciente: mientras el S&P 500 terminó esa década con retorno negativo (crisis puntocom + crisis financiera), los mercados internacionales desarrollados superaron a EE. UU. por aproximadamente 4% anual en ese mismo período.
Sin respuesta única
Este post no argumenta que Europa sea mejor que EE. UU. ni lo contrario. Argumenta que son mercados con perfiles distintos que responden a ciclos distintos, y que combinarlos tiene una lógica de diversificación documentada.
La proporción exacta entre uno y otro — 60/40, 70/30, mitad y mitad — depende del perfil de riesgo, el horizonte, y las preferencias de cada compañero. Indexa facilita el acceso a ambos mercados desde una sola cuenta. Las decisiones de asignación son siempre del compañero. Indexa opera bajo un modelo de ejecución únicamente.
Este artículo es informativo. No constituye asesoría de inversión.