El Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) es el sistema de pensiones obligatorio de Costa Rica. La mayoría de los trabajadores costarricenses cotiza a él sin pensar demasiado en qué recibirán al jubilarse. Este post explica cómo funciona, cuánto paga, y por qué depender exclusivamente de él para el retiro es una estrategia de alto riesgo.
¿Qué es el IVM?
El IVM es administrado por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y es un sistema de reparto: las cotizaciones de los trabajadores activos financian las pensiones de los jubilados actuales. No es un sistema de ahorro individual — los aportes no van a una cuenta personal sino a un fondo común.
Para acceder a la pensión por vejez con la reforma vigente desde enero de 2024, se requiere:
- Tener al menos 65 años de edad
- Haber acumulado al menos 300 cuotas (equivalente a 25 años de cotización)
La pensión anticipada fue eliminada para los hombres con la reforma de 2024. Las mujeres pueden jubilarse anticipadamente a partir de los 63 años si acumularon al menos 405 cuotas.
¿Cuánto paga realmente?
El monto de la pensión del IVM se calcula sobre el promedio de los mejores 300 salarios cotizados a lo largo de la vida laboral, con una tasa de reemplazo que puede llegar al 52,5% — lo que queda después de la reforma de 2024 en su tramo máximo. Con las nuevas reformas propuestas, ese techo podría bajar al 43%.
En términos prácticos: si el promedio de tus mejores salarios cotizados fue ₡800.000 mensuales, tu pensión máxima con IVM sería de aproximadamente ₡420.000 mensuales (al 52,5%). Si el techo baja al 43%, serían ₡344.000.
Eso es antes de que la inflación erosione ese monto en los años siguientes al retiro.
El problema de sostenibilidad
El IVM enfrenta un problema estructural creciente: la relación entre cotizantes activos y pensionados se deteriora conforme envejece la población.
Sin la reforma de 2024, el fondo del IVM se habría agotado en 2037. Con los cambios aplicados — eliminación de pensión anticipada masculina, reducción del monto, cambios en la fórmula — la CCSS estimó que la sostenibilidad se extiende hasta 2050.
Pero la propia CCSS reconoció que esa reforma fue insuficiente. En mayo de 2026, presentó ante su Junta Directiva una lista de 20 propuestas adicionales de reforma, entre ellas aumentar el número de cuotas requeridas de 300 a 360 (30 años de cotización), reducir la tasa de reemplazo máxima, y potencialmente redirigir un porcentaje del IVA para financiar el sistema.
El mensaje de la propia institución es claro: las condiciones de acceso y los montos de pensión van a seguir cambiando, y casi siempre en la dirección de recibir menos o esperar más.
Los tres pilares del sistema de pensiones
El sistema costarricense de pensiones está diseñado oficialmente sobre tres pilares complementarios:
Primer pilar — IVM: pensión básica de reparto, obligatoria para trabajadores formales.
Segundo pilar — ROP (Régimen Obligatorio de Pensiones Complementarias): ahorro individual obligatorio. Parte de las cotizaciones laborales van a una cuenta individual administrada por una Operadora de Pensiones Complementarias (OPC). Este dinero sí es tuyo — no se redistribuye entre cotizantes.
Tercer pilar — ahorro voluntario: aportes adicionales que cada persona puede hacer a planes voluntarios de pensión o a instrumentos de inversión propios.
El gerente de Pensiones de la CCSS lo ha dicho explícitamente: la integración de los tres pilares debería permitir alcanzar el estándar internacional de reemplazo del 60% del salario promedio. El IVM solo no llega a eso — y las proyecciones indican que cada vez llegará menos.
¿Qué implica esto para el compañero de Indexa?
El IVM garantiza una base mínima para el retiro de quien cotizó formalmente durante su vida laboral. Pero esa base tiene límites evidentes y una trayectoria de reducción gradual.
Para el compañero que quiere mantener su nivel de vida después del retiro — no solo sobrevivir con una pensión básica — el ahorro e inversión privada no es opcional. Es la diferencia entre retirarse con dignidad económica y depender exclusivamente de un sistema de reparto bajo presión creciente.
Eso no requiere grandes capitales iniciales. Requiere tiempo, consistencia, y empezar antes de lo que parece necesario. El post 02 sobre interés compuesto explica por qué cada año que se posterga tiene un costo que se acumula de forma no lineal.
Este artículo es informativo. No constituye asesoría de inversión ni tributaria.